Page 194 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Debe estar de broma, señor. Yo no voy a Salpicaduras.
Como mucho les llevo a la Colina Vaudois, eso es todo. No
merece la pena. Si me meto en Salpicaduras, me roban las
ruedas del taxi sin detenerme siquiera.
—Bien, bien —respondió Isaac irritado—. Limítese a
acercarnos tanto como se atreva.
Mientras el desvencijado vehículo rodaba sobre el
empedrado de los Campos Salacus, Lin llamó la atención de
Isaac.
¿Es peligroso de verdad?, señaló, nerviosa.
Isaac apartó la mirada y le contestó con señales. Era
mucho más lento y menos fluido que ella, pero así podría ser
más maleducado con el conductor.
Bueno... lo que es, es pobre. Roban lo que sea, pero no son
especialmente violentos. Este gilipollas no es más que un
cobarde. Lee demasiados periódicos... Se detuvo y torció el
gesto, concentrándose.
—No conozco el signo —murmuró—. Sensacionalistas.
Lee demasiados periódicos sensacionalistas.
Se reclinó y miró por la ventana el paisaje del Aullido, que
pasaba inestable a su izquierda.
Lin no había estado nunca en Salpicaduras, y solo lo
conocía por su notoriedad. Hacía cuarenta años, la línea
Hundida fue extendida al suroeste del Vado de Manes, más
allá de la Colina Vaudois, hasta alcanzar las afueras del
Bosque Turbio, que lindaba con los límites meridionales de
la ciudad. Los planificadores y ecónomos habían construido
altos cascarones de bloques residenciales; no eran los
monolitos del cercano Queche, pero aún así parecían
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