Page 193 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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y demás, pero es un poco ridículo. Mira, he estudiado
palomas, petirrojos, Jabber sabe qué más, pero aún no he
visto de cerca un puto garuda. Así que me voy de caza. Lo
he estado retrasando, pero ha llegado la hora. Me voy a
Salpicaduras. —Hizo una mueca y dejó que ella lo asimilara,
tomando otro bocado. Cuando tragó, alzó la cabeza y la miró
desde debajo de sus cejas pobladas—. No creo que...
¿quieres venir?
«Isaac», señaló ella de inmediato, «no digas eso si no lo
dices de verdad, porque claro que quiero ir, y te diré que sí si
no tienes cuidado. Incluso a Salpicaduras».
—Mira, lo digo... lo digo en serio. De verdad. Si no vas a
trabajar esta mañana en tu obra maestra, vente a dar una
vuelta. —La convicción de su voz se reforzaba mientras
hablaba—. Vamos, podrás ser mi ayudante de laboratorio
móvil. No, ya sé lo que puedes hacer: serás mi heliotipista
por hoy. Tráete la cámara. Necesitas un descanso.
Isaac comenzaba a envalentonarse. Dejaron la casa juntos,
sin mostrar él señal alguna de incomodidad. Vagaron un
poco hacia el noroeste por la calle Shadrach, hacia la estación
de los Campos Salacus, pero Isaac se impacientó y detuvo un
taxi por el camino. El hirsuto conductor enarcó las cejas al
ver a Lin, pero calló cualquier objeción. Inclinó la cabeza
mientras le murmuraba al caballo, y les indicó que entraran.
— ¿Adonde? —preguntó.
—A Salpicaduras, por favor —respondió Isaac con cierta
grandilocuencia, como si adaptara el tono de voz a su
destino.
El conductor se volvió incrédulo hacia él.
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