Page 29 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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escarabajos. Las khepri se descolgaban por las ventanas y las
puertas de las casas remodeladas. Allí eran mayoría, aquel
era su lugar. Las calles estaban llenas de sus cuerpos
femeninos, de sus cabezas de insecto. Se reunían en umbrales
cavernosos, comiendo fruta.
Hasta el conductor podía saborear sus conversaciones: el
aire rezumaba comunicación química.
Algo orgánico reventó bajo las ruedas. Un macho,
probablemente, pensó Lin con un escalofrío, imaginando
uno de los incontables insectos sin mente que se escabullían
por los agujeros y grietas de todo Kinken. Buen viaje.
El asustado pterapájaro chilló al pasar por un arco bajo de
ladrillo del que colgaban estalactitas mucosas. Lin dio unos
golpecitos en el hombro del conductor mientras este bregaba
con las riendas. Escribió rápidamente en la libreta y se la
mostró.
El pájaro no parece contento. Espera aquí. Vuelvo en
cinco minutos.
El asintió agradecido y extendió una mano para ayudarla
a bajar. Lin lo dejó tratando de calmar a la irritable montura,
y dobló una esquina hacia la plaza central de Kinken. Las
pálidas excrecencias que babeaban desde los tejados dejaban
a la vista los letreros de las calles en los bordes de la plaza,
pero el nombre que en ellas aparecía (Plaza Aldelion) no era
el que usaba ninguno de los moradores del lugar. Incluso los
pocos humanos y demás no khepri que vivían allí usaban los
nombres de los escarabajos, traducidos a partir de los siseos
y eructos clorados de la lengua original: la Plaza de las
Estatuas.
Era grande, abierta, rodeada por edificios destartalados
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