Page 33 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de las amplias calles del Gidd Oeste, por el viejo y enorme
Puente Barguest, cruzando el Cancro, el río más limpio y frío
que fluía desde las Cumbres Bezhek. Allí, Lin se detuvo y
pagó añadiendo una generosa propina; quería cubrir a pie el
último kilómetro y medio para no dejar rastro.
Se apresuró para llegar a su cita a la sombra de las
Costillas, en las Garras del Barrio Oseo, en el Distrito de los
Ladrones. Por un momento, a su espalda el cielo se encapotó:
un aeróstato zumbaba en la lejanía; motas diminutas se
agitaban erráticas a su alrededor, con figuras aladas jugando
en su estela como delfines junto a una ballena. Frente a ellos
circulaba otro tren, esta vez en dirección a la ciudad, al centro
de Nueva Crobuzon, al nudo de tejido arquitectónico donde
las fibras de la ciudad se coagulaban, donde los raíles aéreos
de la milicia irradiaban desde la Espiga como una telaraña,
donde se encontraban las cinco grandes líneas férreas de la
urbe, convergiendo en una inmensa fortaleza abigarrada de
ladrillo oscuro, de hormigón ajado, de madera, acero y
piedra, el edificio que bostezaba colosal en el vulgar corazón
de la ciudad, la estación de la calle Perdido.
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