Page 31 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 31
según la moda de los Campos Salacus: moda humana, no los
tradicionales pantalones bombachos de aquel gueto. Lin
estaba marcada. Era una extranjera. Había dejado a sus
hermanas. Había olvidado la colmena, el enjambre.
Tengo derecho, maldita sea, pensó, exagerando desafiante
el frufrú de su falda verde.
La dueña de la tienda de esputo la conocía, y se frotaron
las antenas con educación.
Lin curioseó entre los estantes. El interior de la tienda
estaba recubierto por cemento de gusanos caseros, aplicado
en las paredes y matando las esquinas con más cuidado del
que era tradicional. Las mercancías, expuestas en estanterías
que sobresalían como huesos de la pasta orgánica, quedaban
iluminadas por lámparas de gas. La ventana estaba
artísticamente cubierta conjugo de diversas bayas de color,
por lo que la luz del día no penetraba en el establecimiento.
Lin habló, agitando y golpeando sus antenas, segregando
diminutas brumas olorosas. Comunicó su deseo de comprar
bayas escarlatas, azules, negras, opalinas y púrpuras. Incluyó
una rociada de admiración por la gran calidad del material de
la tienda.
Cogió sus compras y se marchó rápidamente.
La atmósfera de pía comunidad en Kinken le ponía
enferma.
El taxista estaba esperando y saltó tras él, señalando hacia
el nordeste para que se alejara en esa dirección.
La Colmena del Ala Roja, el Enjambre del Cráneo Felino,
pensó, mareada. Putas santurronas. ¡Lo recuerdo todo!
Hablar y hablar de comunidad, de la gran colmena khepri,
30

