Page 503 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Asombroso. Tuviste suerte de estar allí. No viste cómo se
comía un cerebro. Las polillas asesinas no viven por
completo en nuestro plano. Sus... eh... necesidades
nutricionales se satisfacen con sustancias que no podemos
medir. ¿No lo ves, Isaac? —Vermishank lo miraba con
intensidad, como un profesor tratando de arrancar la
respuesta correcta a un alumno petulante. La urgencia volvía
a restallar en sus ojos—. Sé que la biología no es tu punto
fuerte, pero es un mecanismo tan... elegante, que pensé que
lo verías. Extraen los sueños de sus alas, inundan la mente,
rompen los diques que retienen los pensamientos ocultos, los
pensamientos culpables, las ansiedades, las delicias, los
sueños... —Se detuvo y se reclinó, tranquilizándose—. Y
entonces, cuando la mente está sabrosa y jugosa... la secan.
El subconsciente es su néctar, Isaac, ¿no lo ves? Por eso solo
se alimentan de los seres inteligentes. No les sirven los gatos
ni los perros. Beben el peculiar preparado resultante del
pensamiento reflexivo, cuando los instintos y las necesidades
y los deseos y las intuiciones se pliegan sobre sí mismos y
reflexionamos sobre nuestros propios pensamientos, y
después reflexionamos sobre el reflejo, en un ciclo sin fin.
—Su voz era apagada—. Nuestros pensamientos fermentan
como el más puro licor. Eso es lo que beben las polillas,
Isaac. No la carne fofa y rezumante en la sartén que es el
seso, sino el delicado vino de la sapiencia y la inteligencia
mismas, el subconsciente. Sueños.
El cuarto quedó en silencio. La idea era sorprendente.
Todo el mudo parecía asqueado ante aquella noción.
Vermishank casi parecía disfrutar del efecto que tenían sus
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