Page 499 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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tejón, Sinceridad, vagabundeaba sin rumbo por la pared.
Lemuel empujó a Vermishank hacia el centro de un
círculo de tres sillas cerca de la puerta, y se sentó muy cerca
de él. Sacó de forma ostentosa la pistola y la apuntó a la
cabeza del profesor.
Isaac cerró la puerta con llave.
—Muy bien, Vermishank — dijo con tono profesional. Se
sentó y miró a su antiguo jefe—. Lemuel es muy buen
tirador, en caso de que tengas ideas estrafalarias. En realidad,
es un poco capullo. Y peligroso. No estoy en absoluto de
humor para defenderte, así que te recomiendo que nos digas
lo que queremos saber.
— ¿Y qué quieres saber, Isaac? —dijo Vermishank
suavemente. Isaac estaba iracundo, pero impresionado.
Aquel hombre era sorprendente recuperando y conservando
el aplomo.
Aquello, decidió Isaac, era algo de lo que había que
encargarse.
Se incorporó y se acercó a Vermishank; este lo miró con
unos ojos calmados que se abrieron alarmados demasiado
tarde, cuando comprendió que Isaac iba a golpearlo de
nuevo.
Lo hizo dos veces en la cara, ignorando el aullido dolorido
y atónito de su viejo jefe. Lo agarró de la garganta y se
inclinó hasta ponerse en cuclillas, situando su cara a la altura
de la del aterrado prisionero. Vermishank sangraba por la
nariz y arañaba ineficaz las enormes manos de Isaac. Sus
ojos estaban vidriados por el terror.
—Creo que no entiendes la situación, viejo —susurró
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