Page 738 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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empezaron a humear, a separarse y a disolverse.
La polilla asesina profirió un aullido impío, inmisericorde,
terrible.
Al instante se volvió, se apartó de Shadrach y recorrió la
habitación hacia su progenie. Su cola se sacudía
violentamente de un lado a otro, golpeó a Shadrach mientras
yacía gimiendo sobre el suelo, lo hizo desplomarse sobre su
propia sangre.
Isaac pisoteó una vez, salvajemente, el racimo de huevos
que se estaba convirtiendo en líquido, y entonces retrocedió
para apartarse del camino de la polilla asesina. Sus pies
resbalaban sobre la gelatinosa masa. Corrió a medias y a
medias trepó hacia el muro, llevando en una mano el cuchillo
y en la otra el precioso dispositivo que mantenía ocultas sus
ondas mentales.
El constructo que seguía pegado a la espalda de la polilla
volvió a vomitar fuego sobre su piel y la criatura chilló de
dolor. Las patas segmentadas volaron hacia atrás y tantearon
la espalda en busca del simio. Sin detenerse, la polilla logró
apresarlo por uno de los brazos y se lo arrancó de la piel.
Lo aplastó contra el suelo, hizo añicos sus lentes de cristal,
destrozó la metálica carcasa de la cabeza y dejó una estela de
válvulas y cables. Por fin, lo arrojó lejos de sí, convertido en
montón de chatarra. El último constructo retrocedió, tratando
de ganar distancia para poder rociar a su enorme y
enloquecido enemigo.
Antes de que el autómata pudiera escupir su ácido, dos
enormes pestañas de hueso serrado restallaron más rápidas
que látigos y lo partieron sin esfuerzo por la mitad.
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