Page 742 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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pasando  junto  a  él  y  sobre  los  cuerpos  que  llenaban  la

            habitación, hacia los destruidos huevos. Y mientras corría,

            volvió  la  cabeza  sobre  el  alargado  y  sinuoso  cuello  y  los

            dientes le castañetearon con algo que parecía miedo.

                Isaac volvió a pegarse al muro y observó con sus espejos

            a las dos polillas asesinas.

                La segunda de ellas abrió los dientes y escupió una especie

            de sonido agudo y sostenido. La segunda sorbió con todas

            sus fuerzas una última vez y dejó que el cuerpo arruinado y

            vacío de Shadrach se desplomase. Entonces retrocedió con

            su hermana hacia la glutinosa masa de la mierda onírica y los

            huevos.

                Ambas  criaturas  extendieron  las  alas.  Se  irguieron,  las

            puntas  de  las  alas  tocándose,  los  diferentes  miembros

            blindados extendidos, y esperaron.

                Isaac se introdujo lentamente en el agujero, sin atreverse

            siquiera a preguntarse qué estaba ocurriendo, por qué razón

            lo estaban ignorando. Detrás de él, el metálico tubo de escape

            serpenteaba como una cola imbécil. Mientras Isaac, presa del

            desconcierto,  contemplaba  sus  espejos,  incapaz  de

            encontrarle sentido a la escena que se estaba desarrollando

            detrás de él, el espacio que rodeaba la entrada del túnel vibró

            un instante. Se combó y entonces floreció súbitamente y allí,

            en la madriguera, con él, se encontraba la Tejedora.

                Isaac  la  miró,  boquiabierto,  asombrado.  La  enorme

            criatura arácnida se erguía sobre él, mirándolo con un racimo

            de ojos resplandecientes. Las polillas asesinas se pusieron

            tensas.

                ...SOMBRÍO                 Y        CONFUSO                 MUGRIENTO                     Y

            NEBULOSO  ERES  ERES...  se  alzó  aquella  voz


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