Page 776 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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infinitesimales en el suelo que lo rodeaba, conforme el
Consejo mismo empezaba a moverse.
— ¿Comprendes lo que necesito de ti? —dijo Isaac.
—Por supuesto —replicó el Consejo con la trémula y
aflautada voz del avatar—. ¿Y estaré conectado directamente
al motor de crisis?
— Sí —dijo Isaac—. Así es como va a funcionar. Olvidé
algunos de los componentes del motor de crisis cuando lo
dejé contigo, razón por la cual no está completo. Pero eso
está bien, porque cuando los vi me dieron la idea para todo
esto. Pero escucha: necesito tu ayuda. Si queremos que esto
funcione, necesitamos que los cálculos matemáticos sean
exactos. He traído conmigo desde el laboratorio mi máquina
analítica, pero no es ni mucho menos un modelo de
primerísima categoría. Tú, Consejo, eres una red de motores
de cálculo sofisticados de la hostia... ¿verdad? Necesito que
hagas algunas sumas para mí. Que resuelvas algunas
funciones, que imprimas algunas tarjetas de programación.
Y necesito que sean perfectas. Con un grado de error
infinitesimal. ¿De acuerdo?
—Muéstramelo.
Isaac extrajo dos hojas de papel. Caminó hasta el avatar y
se las tendió. En medio de los olores a aceite y moho químico
y metal caliente del vertedero, el hedor orgánico del cuerpo
del avatar al descomponerse con lentitud resultaba
espantoso. Isaac arrugó la nariz, asqueado. Pero extrajo
fuerzas de flaqueza y permaneció junto a la carcasa
putrefacta y medio viva, explicándole las funciones que
había descrito a grandes rasgos.
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