Page 772 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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hechas astillas.
Derkhan no había regresado todavía. Pengefinchess
dormía en una esquina o fingía hacerlo.
Isaac reunió las tuberías vitales y las válvulas, los motores
y baterías y transformadores y los metió en un saco
asqueroso. Extrajo sus notas, las revisó brevemente y volvió
a guardarlas dentro de su camisa. Garabateó una nota para
Derkhan y Pengefinchess. Yagharek y él comprobaron el
estado de sus armas y las limpiaron, contaron sus escasas
reservas de munición. Entonces Isaac se asomó por la
ventana hecha añicos, a la ciudad que había despertado a su
alrededor.
Ahora debían ser muy cuidadosos. El sol había cobrado
todas sus fuerzas, la luz era intensa. Cualquiera podía ser un
soldado y todos los oficiales debían de haber visto su
heliotipo. Se embozaron en sus capas. Isaac vaciló y
entonces le tomó prestado su cuchillo a Yagharek; se afeitó
en seco con él. La afilada hoja le rasgó dolorosamente los
nódulos y granos de la piel que eran la principal razón de que
se hubiera dejado crecer la barba. Fue descuidado y rápido y
no tardó en encontrarse frente a Yagharek con una barbilla
pálida, cubierta por inexpertos trasquilones, sangrando y
salpicada de bosquecillos de pelusa.
Tenía un aspecto deplorable, pero al menos parecía otra
persona. Se acarició la ensangrentada piel mientras salían a
la luz de la mañana.
Hacia las nueve, después de pasar varios minutos
paseando con aire indiferente junto a las tiendas y los
transeúntes que discutían, caminando por calles traseras
siempre que les era posible, los dos compañeros se
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