Page 771 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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que la excitación lo conmovía.
Estiró el cuello para oír, pero la ligera brisa no le trajo
nada. Solo escuchó el rumor de las aguas y los sonidos
abruptos de los niños que había a su espalda. Lloraban con
facilidad.
Pasó el tiempo, pero el sol parecía congelado. La pequeña
corriente de niños no fluía. Yagharek contempló cómo
discutía Isaac de forma incomprensible con la invisible
presencia arácnida que se encontraba bajo la superficie del
río. Esperó.
Y entonces, algún tiempo después del amanecer pero antes
de las siete en punto, Isaac se volvió de forma furtiva en el
bote, buscó a tientas sus ropas y volvió a sumergirse con
torpeza, como una pequeña rata de agua, en el Cancro.
La anémica luz de la mañana bañaba la superficie del río
mientras Isaac avanzaba por el agua en dirección a la ribera.
Al llegar a los bajíos realizó una grotesca danza acuática para
volver a ponerse la ropa antes de subir, pesadamente y
chorreando, por el barro y la maleza de la ribera.
Se dejó caer junto a Yagharek, resoplando.
Los escolares reían entre dientes y susurraban.
—Creo... creo que vendrá —dijo—. Creo que ha
comprendido.
Eran más de las ocho cuando regresaron a la cabaña de las
vías. Reinaba el silencio y hacía calor, un calor lleno de
partículas que se deslizaban indolentes hacia el suelo. Los
colores de los desperdicios y la madera caliente brillaban con
intensidad allí donde la luz del sol atravesaba las paredes
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