Page 781 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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marchar a la ciudad en una misión horripilante y monstruosa.

            No estaba de humor.

                Al principio, cuando dejó la cabaña y se encaminó a su

            destino,  caminando  rápidamente  entre  la  oscuridad  tardía

            que llenaba las calles, había llorado de forma monótona para

            disminuir la presión de su torturada cabeza. Había mantenido

            los hombros en alto, sabiendo que de las pocas figuras con

            las que se encontraba, caminando deprisa a cualquier lugar,

            lo más probable era que una gran proporción perteneciera a

            la milicia. La pesada atmósfera de pesadilla que se respiraba
            en el aire la agotaba.


                Pero entonces, mientras salía el sol y la noche se hundía

            lentamente  en  las  alcantarillas,  su  marcha  se  había  vuelto

            más  fácil.  Se  había  movido  con  más  rapidez,  como  si  el
            mismo  material  de  la  oscuridad  se  le  hubiera  estando

            resistiendo.


                Su tarea no resultaba menos horrenda, pero la urgencia

            apagó  su  espanto  hasta  que  quedó  reducido  a  una  cosa
            anémica. Sabía que no podía esperar.


                Le  quedaba  camino  por  recorrer.  Se  estaba  dirigiendo

            hacia el hospital de beneficencia del Pozo Siríaco, a través

            de seis o más kilómetros de barrios bajos intrincadamente

            serpenteantes y arquitecturas en ruinas. No se atrevió a tomar

            un  taxi  por  si  el  conductor  era  un  espía  de  la  milicia,  un
            agente dedicado a detener criminales como ella. De modo

            que caminó tan rápidamente como se atrevió a hacer en las

            sombras de la línea Sur. Su camino la elevó más y más sobre

            los  tejados  mientras  se  alejaba  del  corazón  de  la  ciudad.

            Arcos muy abiertos de ladrillos calados se extendían sobre

            las achaparradas calles de Siriac.



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