Page 849 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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carecía de principio organizador, de sustrato. De sustancia.
Aquellos sueños no bastaban para alimentarlas.
La extraordinaria ráfaga de la consciencia de la Tejedora
irrumpió a través de los cables en los sofisticados motores.
Y justo detrás de ella vino el torrente de partículas
proveniente del cerebro del Consejo de los Constructos.
En extremo contraste con el frenesí viral que lo había
engendrado, el Consejo de los Constructos pensaba con
estremecedora exactitud. Los conceptos se reducían a una
multiplicidad de interruptores encendido-apagado, un
solipsismo privado de alma que procesaba la información sin
la complicación arcana de los deseos o la pasión. Una
voluntad de existencia y engrandecimiento, desprovisto de
toda psicología, una mente contemplativa e infinita,
circunstancialmente cruel.
Para las polillas asesinas era completamente invisible,
pensamiento sin consciencia. Era carne sin sabor ni olor,
calorías-pensamiento vacías, inconcebibles como nutrientes.
Como cenizas.
Lamente del Consejo se derramó en la máquina... y hubo
un momento de intensa actividad mientras se enviaban
órdenes por las conexiones de cobre desde el vertedero,
mientras el Consejo trataba de absorber de vuelta a sí la
información y el control del motor. Pero el circuito
rompeolas era sólido. El flujo de partículas solo se producía
en un sentido.
Fue asimilado al pasar a través del motor analítico.
Se alcanzó un grupo de parámetros. Instrucciones
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