Page 853 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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cualitativamente diferentes.
El motor aplicó una rigurosa lógica de crisis a la operación
original. Un comando matemático había creado la analogía
aritmética perfecta de un código fuente obtenido a partir de
material dispar, y esa analogía era al mismo tiempo idéntica
y radicalmente divergente del original al que imitaba.
Tres quintas partes de segundo después de que el circuito
hubiera cobrado vida, el motor de crisis llegó a dos
conclusiones simultáneas: x era igual a y+z y x era distinto a
y+z.
La operación llevada a cabo resultaba profundamente
inestable. Era paradójica, imposible de sostener y en ella se
derrumbaba la aplicación de la lógica.
El proceso estaba, desde los primeros principios absolutos
del análisis, desde la elaboración de modelos y desde la
conversión, profundamente preñado de crisis.
Una fuente masiva de energía de crisis fue descubierta al
instante. El hallazgo de la crisis la liberó para que pudiera ser
aprovechada: los pistones metafísicos se alargaron y
convulsionaron y enviaron destellos controlados de la volátil
energía a través de los amplificadores y los transformadores.
Los circuitos subsidiarios se agitaron y trepidaron. El motor
de crisis empezó a dar vueltas como una dinamo,
chisporroteando de energía y despidiendo complejas cargas
de cuasivoltaje.
El comando definitivo atravesó en forma binaria las
entrañas del motor de crisis. Canalizar energía, decía, y
amplificar la salida.
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