Page 846 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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reparar la tela... por favor.
La lluvia tamborileaba sobre el duro caparazón de la
Tejedora. Cada segundo más o menos, una o dos gotas al azar
crepitaban violentamente y se evaporaban al entrar en
contacto con ella. La Tejedora seguía hablando, como
siempre, un murmullo inaudible que Isaac y Derkhan y
Yagharek no podían comprender.
Alargó las patas, tomó el casco con sus manos suaves,
humanas, y se lo colocó sobre la segmentada cabeza.
Isaac cerró los ojos con un alivio breve y exhausto y luego
volvió a abrirlos.
— ¡No te lo quites! —siseó—. ¡Ajústatelo!
Con dedos que se movían con tanta elegancia como los de
un maestro sastre, la araña lo hizo.
...HARÁS COSQUILLAS Y BROMAS... farfullaba de
forma ininteligible... COMO LAS CRÍAS PENSANTES
GOTEAN POR METAL CHAPOTEANTE Y MEZCLAN
EN EL FANGO MI CÓLERA MI ESPEJO UNA MIRÍADA
DE BURBUJAS DE FORMAS DE ONDAS
CEREBRALES QUE EXPLOTAN Y TEJEN PLANES
MÁS Y MÁS Y MÁS AÚN MI INGENIOSO MAESTRO
ARTESANO...
Y mientras la Tejedora continuaba canturreando con
proclamas incomprensibles y oníricas, Isaac vio que la
última de las correas se tensaba bajo sus terroríficas
mandíbulas: giró los interruptores que abrían las válvulas del
casco de Andrej y apretó la sucesión de palancas que hacían
funcionar toda la potencia de procesamiento de las
calculadoras analíticas y el motor de crisis. Retrocedió.
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