Page 866 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Tres metros por debajo de Isaac, los soldados se estaban
acercando. Volvió a disparar y logró robarle el resuello a un
hombre, pero no atravesó su armadura. Derkhan disparó y,
más abajo, el tirador apostado profirió una imprecación y
soltó su rifle, que cayó ruidosamente.
Isaac recargó su arma con velocidad desesperada. Volvió
la mirada hacia su máquina, vio que Andrej estaba hecho un
ovillo bajo el muro. Tiritaba y su cara estaba manchada de
saliva. La cabeza de Isaac latía siguiendo un extraño ritmo
que provenía del creciente incendio de ondas mentales.
Levantó la vista al cielo. Vamos, pensó, vamos, vamos.
Volvió a mirar hacia abajo mientras recargaba, tratando de
encontrar al misterioso recién llegado.
Estuvo a punto de gritar de miedo por su desconocido
protector al ver que cuatro fornidos y bien armados soldados
avanzaban al trote hacia la sombra en la que se había
escondido.
Algo emergió de la oscuridad a gran velocidad, saltando
de sombra en sombra y esquivando el fuego de los oficiales
con extraordinaria facilidad. Sonó una patética descarga de
disparos y los rifles de los cuatro hombres quedaron vacíos.
Mientras se apoyaban sobre una rodilla para recargar, la
figura embozada abandonó las tinieblas que la cobijaban y se
irguió a unos pocos pasos de ellos.
Isaac la veía desde detrás, iluminada por la brusca y fría
luz de alguna lámpara de flogisto. Su rostro estaba vuelto
hacia la milicia. Su capa estaba desgastada y llena de
parches. Isaac podía ver a duras penas una pequeña y gruesa
pistola en su mano izquierda. Mientras las impasibles
máscaras de cristal resplandecían bajo la luz y los cuatro
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