Page 862 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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las chimeneas y las ventanas abuhardilladas. Isaac se apartó

            del borde sin perderlos de vista.

                La Tejedora estaba pasando su dedo índice sobre el agua

            del tejado, dejando un rastro de piedra seca y chamuscada en

            forma  de  patrones  y  dibujos  de  flores,  mientras  seguía

            susurrando para sí. El cuerpo de Andrej se sacudía recorrido

            por  la corriente.  Sus  ojos giraban en  las órbitas  de  forma

            desconcertante.

                —¡joder! —gritó Isaac, desesperado y furioso.


                —Cierra la boca y pelea —siseó Derkhan. Se tendió sobre

            el  suelo  y  se  asomó  cuidadosamente  sobre  el  borde  del
            tejado. Los soldados, muy bien entrenados, se encontraban

            demasiado  cerca  como  para  estar  tranquilos.  Apuntó  y

            disparó con la mano izquierda.


                Hubo una explosión súbita que pareció amortiguada por la
            lluvia. El oficial más próximo, que había ascendido casi la

            mitad de la pendiente, retrocedió tambaleándose mientras la

            bala golpeaba su armadura a la altura del pecho, rebotaba y

            se  perdía  en  la  oscuridad.  Se  balanceó  momentáneamente

            sobre  el  borde  del  pequeño  tejado-escalón  en  el  que  se

            encontraba y logró enderezarse. Mientras se relajaba y daba

            un paso hacia delante, Derkhan disparó su otra arma.

                La  placa  del  rostro  del  oficial  se  hizo  añicos  en  una

            explosión sangrienta. Una nube de carne estalló en la parte

            trasera de su casco. Su rostro se hizo visible un instante, una

            mirada  de  asombro  salpicada  de  fragmentos  de  cristal

            reflectante, cubierto por la sangre que brotaba de un agujero

            bajo  su  ojo  derecho.  Pareció  saltar  de  espaldas  como  un
            campeón  deportivo  y  descendió  de  forma  elegante  siete

            metros hasta chocar con un estruendo sordo contra la base



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