Page 865 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Debajo de ellos, los soldados se habían quedado
paralizados. Alguien vociferó órdenes bruscas,
incomprensibles. Era evidente que estaban confusos y
asustados.
Derkhan escudriñaba la oscuridad con una mirada de
esperanza perpleja.
—Que los dioses te bendigan —gritó a la noche. Volvió a
disparar con la mano izquierda, pero la bala impactó
ruidosamente y sin causar daño en los ladrillos.
Diez metros por debajo de ellos, el herido seguía gritando.
Trataba en vano de desabrocharse la máscara.
La unidad se dividió. Un hombre se agachó tras un
afloramiento de ladrillos, alzó su rifle y apuntó a la oscuridad
en la que se escondía el recién llegado. Varios de los hombres
restantes empezaron a descender hacia el nuevo atacante.
Los otros volvieron a ascender, a velocidad redoblada.
Mientras los dos pequeños grupos se movían arriba y
abajo por la resbaladiza pendiente de los tejados, la figura
extraña volvió a salir y disparó con extraordinaria rapidez.
Tiene una especie de pistola repetidora, pensó Isaac con
asombro, y entonces se sobresaltó al ver que dos oficiales
más retrocedían desde el tejado, un poco más abajo de donde
él se encontraba, y caían dando vueltas, gritando y rebotando
brutalmente por la pendiente.
Isaac se dio cuenta de que el hombre no estaba disparando
a los oficiales que se habían vuelto hacia él, sino que estaba
concentrándose en proteger la pequeña plataforma, eligiendo
como objetivos a los que más se aproximaban con magnífica
pericia. Ahora era vulnerable a un ataque masivo.
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