Page 870 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de aparecer sobre el borde de la plataforma. El arma se cerró
alrededor de su cuello y Yagharek tiró con fuerza, haciendo
chocar la frente del hombre contra las húmedas tejas de
pizarra.
Soltó el látigo con un movimiento brusco mientras el
oficial, casi ahogado, caía hacia atrás con gran estruendo.
Isaac empuñó con torpeza su voluminosa arma. Se asomó
y vio que dos de los oficiales que se habían vuelto hacia Jack
Mediamisa estaban en el suelo, agonizando, mientras
manaba la sangre de enormes desgarrones en su carne. Un
tercero retrocedía cojeando y se agarraba con una mano el
muslo lacerado. Mediamisa y el cuarto hombre habían
desaparecido.
Por todo el paisaje de tejados, sonaban los gritos de los
soldados, medio en fuga, aterrorizados y confusos. Urgidos
por su teniente, reanudaron el avance.
—Mantenedlos a raya —gritó Isaac—. ¡Las polillas se
acercan!
Las tres polillas asesinas descendían formando una larga
hélice entrelazada, arremolinándose las unas por encima y
por debajo de las otras, rotando en orden descendente
alrededor de la masiva estela de energía que emergía en un
vasto torrente del casco de Andrej. En el suelo, debajo de
ellas, la Tejedora bailaba una comedida y pequeña jiga, pero
las polillas asesinas no la veían. No advertían nada que no
fuera la forma convulsa de Andrej, la fuente del enorme y
dulce festín que se derramaba precipitadamente a la
atmósfera. Estaban frenéticas.
Los depósitos de agua y las torres de ladrillos se irguieron
hacia ellas como manos extendidas mientras, una por una,
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