Page 905 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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haciendo objetos táctiles. Objetos visibles. Esculturas para
ser acariciadas y vistas.
Estaba admirada por el color y la luz y la sombra, por el
juego mutuo de las formas y las líneas, por los espacios
positivos y negativos.
Había pasado mucho tiempo encerrada en un ático.
En su posición, cualquier otro hubiera saboteado la vasta
escultura de Motley. Al fin y al cabo, el encargo se había
convertido en su sentencia. Pero Lin no la destruyó ni
economizó su trabajo. Vertió todo cuanto tenía, toda su
energía creadora reprimida, en aquella monolítica y terrible
pieza. Tal como Motley había sabido que haría.
Aquella había sido su única evasión. Su único medio de
expresión. Privada de toda la luz y el color y las formas del
mundo, se había concentrado en su miedo y en su dolor, se
había obsesionado creando una presencia por sí misma, la
que mejor pudiera seducirla.
Y ahora algo extraordinario había entrado en el ático que
era su mundo.
No sabía nada de las polillas asesinas. La orden «no mires
atrás», escuchada muchas veces en los cuentos y las fábulas,
solo tenía sentido como un interdicto moralista, una lección
aprendida por las malas. Seguro que Isaac quería decir «date
prisa o no dudes de mí», algo semejante. Su orden solo tenía
sentido como exhortación emocional.
Lin era una artista. Degradada y torturada, confundida por
el encarcelamiento y el dolor y la abyección, solo
comprendió que algo extraordinario, algo capaz de asombrar
por completo a la vista, se había alzado detrás de ella. Y,
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