Page 543 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas                                                                  Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston



                   Bingwen los vio a cincuenta metros de distancia y

            se detuvo en seco. Estaban tendidos boca abajo en el

            lodo, el brazo del padre sobre el hombro de la madre,


            como consolándola.



                   Bingwen  no  se  movió.  No  podía  verles  la  cara,

            pero aquella era la camisa de su madre, y su espalda,


            y su forma. Y aquellas eran las ropas de su padre. Y

            sus botas y su pelo. Y el centelleo del sol se reflejaba

            en el reloj que llevaba en la muñeca izquierda.




                   Bingwen se sintió ingrávido. No podía enfocar la

            mirada.  Notaba  las  rodillas  débiles  e  inestables.  Se

            quedó allí de pie, mirándolos, él vivo y respirando y


            ellos  no.  Sus  corazones  no  latían,  sus  pulmones  no

            recibían  aire,  sus  bocas  no  se  movían  para  decirle

            cuánto lo querían y que lo protegerían y que estaría a


            salvo con ellos. Sus brazos no lo envolvían ni lo atraían

            hacia sus pechos. Sus cuerpos no hacían nada excepto


            yacer allí en el lodo y la hierba rociada por la bruma.



                   Bingwen  permaneció  allí  de  pie  mucho  rato,  no

            supo cuánto. Una hora, quizá dos. El búfalo de agua

            mugía  y  golpeaba  el  suelo  con  la  pata,  impaciente.


            Bingwen  lo  ignoró.  Lo  ignoró  todo.  Si  venían  los

            alienígenas, no huiría de ellos.









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