Page 544 - Primera Guerra Formica 02 - La Tierra En Llamas - Orson Scott Card
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La Tierra en llamas                                                                  Orson Scott Card ‐ Aaron Johnston



                   Tomó aire y exhaló. No hubo lágrimas ni gemidos,

            ni chillidos de angustia. Todo estaba roto por dentro,

            vacío. No lloraría más, no podía. No iba a permitirlo.


            Las lágrimas pertenecían a la versión antigua y muerta

            de sí mismo, al Bingwen previo, al niño que se colaba

            en la biblioteca y se preocupaba por los exámenes y


            por ir a una buena escuela y que tenía un amigo con

            un  pie  torcido  y  unos  padres  que  lo  querían  y  se


            sentaban con él junto al fuego cuando estaba mojado

            y tenía frío. Ese Bingwen ya no existía. Ese Bingwen

            yacía  en  el  lodo  con  sus  padres,  el  brazo  sobre  el


            hombro de su madre, igual que el de su padre.



                   Haría  que  Mazer  se  recuperara.  Sí,  haría  que  se

            pusiera  bien,  y  entonces  Mazer  lo  detendría  todo.


            Mazer  pondría  fin  a  las  brumas  y  los  fuegos  y  los

            cadáveres en los campos. Y él le ayudaría. Le daría los

            cartuchos y cargaría su agua, haría lo que hiciera falta


            para ponerle fin a todo eso, para que desapareciera.

            Entonces se permitiría llorar.



                   Ya  estaba  oscuro  cuando  llegó  a  la  granja.  El


            abuelo salió a recibirlo, lo abrazó, lo besó en la mejilla,

            se maldijo por haberlo dejado marchar. Solo entonces


            se dio cuenta de que el búfalo de agua arrastraba a

            alguien.







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