Page 30 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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Ser capaz de hacer que tu alma arda, pensó; ser capaz de


             atraer a voluntad a hombres y mujeres; de ser brillante, sin

             temor a las consecuencias, ¿qué no daría ella por vivir una

             vida así?



                    Millay eligió encender su vela por ambos extremos

             y  vivir  una  vida  incandescente.  Cuando  su  vela  se


             terminó, murió enferma, adicta y demasiado joven. Pero

             todos  los  días  de  su  vida  había  podido  plantearse:

             «¿Voy a ser brillante hoy?».



                    Rina visualizó su cubito de hielo en el capullo frío y


             oscuro del congelador. Tranquila, se dijo. Quítate esa idea

             de la cabeza. Tu vida es esta. Esta pequeña porción de casi

             muerte.



                    Y apagó la luz.



                    Cuando el alma de Rina por fin se materializó, la


             enfermera  encargada  de  vigilar  la  placenta  a  punto

             estuvo  de  no  darse  cuenta.  De  improviso,  ahí,  en  la

             palangana de acero inoxidable, había un cubito, de los

             que te puedes encontrar tintineando en la copa de un


             cóctel.  Un  charco  de  agua  ya  había  comenzado  a

             formarse a su alrededor. Los bordes del cubito estaban

             redondeándose, suavizándose.



                    Llevaron a toda prisa una unidad de refrigeración


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