Page 32 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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considerando la posibilidad de saludar a la muchacha


             callada que se sentaba allí, la tez pálida y el cabello rubio

             hielo,  y  siempre  un  jersey  sobre  los  hombros.  Nadie

             sabía de qué color tenía los ojos porque nunca levantaba


             la mirada de la mesa.


                    Porque además, en derredor de ella se notaba una


             frialdad,  un  silencio  frágil  que  no  quería  ser  roto.  A

             pesar de que la veían todos los días, la mayor parte de

             sus  compañeros  desconocían  su  nombre.  Y  con  el


             tiempo  empezó  a  resultar  embarazoso  preguntárselo.

             Aunque  la  bulliciosa  vida  de  la  oficina  fluctuaba

             alrededor de Rina, la gente fue dándole de lado.



                    Debajo  de  su  mesa  había  un  pequeño  congelador

             que la empresa había instalado especialmente para ella.


             Cada mañana, Rina entraba a toda prisa en su cubículo,

             abría la bolsa isotérmica para el almuerzo y, del termo

             rebosante de cubitos, sacaba con todo cuidado la bolsa


             para  bocadillos  en  cuyo  interior  se  encontraba  ese

             cubito  suyo  tan  especial,  que  metía  en  el  congelador.

             Suspiraba,  se  sentaba  en  la  silla  y  esperaba  a  que  su


             corazón se calmara.


                    El trabajo de los empleados de los despachos más


             pequeños  y  alejados  del  muelle  era  buscar,  en  el

             ordenador,  la  respuesta  a  las  preguntas  de  los  que


                                                                                                          32
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