Page 433 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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graznaban y gruñían, y no podían pronunciar el nombre


             de sus creadores.



                    Así  que  los  dioses  modelaron  una  raza  hecha  de

             arcilla. Pero los hombres de arcilla no eran capaces de

             mantener  su  forma.  El  rostro  se  les  iba  descolgando,

             ablandado por el agua, ansiando reunirse con la tierra


             de la que habían sido arrancados. No sabían hablar, tan

             solo gorjeaban de manera incoherente. Crecían torcidos

             y eran incapaces de procrear, de perpetuar su propia


             existencia.



                    El siguiente intento de los dioses es el que más nos

             interesa. Crearon una raza de hombrecillos de madera,

             parecidos  a  muñecos.  Las  juntas  articuladas  les

             permitían  mover  las  extremidades  libremente;  los


             rostros  tallados,  parlotear  y  abrir  los  ojos.  Estas

             marionetas  sin  hilos  habitaban  en  casas  y  pueblos,  y

             pasaban su vida trajinando de aquí para allá.



                    No obstante, los dioses se dieron cuenta de que los


             hombres de madera carecían de alma y mente, por lo

             que no podían alabar a sus creadores como era debido.

             Enviaron una gran inundación para acabar con ellos y

             pidieron a los animales de la selva que los atacaran. Para


             cuando  la  ira  de  los  dioses  se  hubo  aplacado,  los

             hombres de madera se habían convertido en monos.


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