Page 458 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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atrapar hasta el último de los fotones con los que se
cruza, el disco rotatorio, cien veces más fino que el papel
de arroz, se despliega a lo largo de mil kilómetros en el
espacio igual que una cometa gigante. Y literalmente
oculta el cielo.
Debajo de él cuelga un largo cable de nanotubos de
carbono de cien kilómetros de largo: fuerte, ligero y
flexible. En el extremo del cable está el corazón de la
Esperanzada, el módulo habitacional, un cilindro de
quinientos metros de alto en el que se apiñan los mil
veintiún habitantes del mundo.
La luz del Sol empuja la vela y nos impele hacia una
órbita en espiral cada vez más amplia, cada vez con
mayor aceleración, que nos aleja de él. La aceleración
nos fija a las cubiertas y proporciona peso a todo.
Nuestra trayectoria nos lleva hacia una estrella
llamada 61 Virginis. Ahora no se la ve porque está
detrás del palio que forma la vela solar. La Esperanzada
llegará a ella dentro de unos trescientos años, más o
menos. Con suerte, mi tataratataratatara —una vez
calculé cuántos «tataras» necesitaba, pero ahora mismo
no me acuerdo— nieto la verá.
En el módulo habitacional no hay ventanas que
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