Page 717 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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que eran de Pekín, y en sus ojos vi la fría mirada de los
halcones del emperador. Los dejé pasar y los invité a
que buscaran ellos mismos; pero mientras estaban
entretenidos con cofres y cajones, escapé con el libro.
»Desde entonces he estado huyendo; en unas
cuantas ocasiones han estado a punto de atraparme, y
de resultas de ello tengo estas heridas. El libro que
buscan está ahí, encima de la mesa. Eso, el libro, es lo
que quiero que salves.
Tian vaciló junto a la puerta. Estaba acostumbrado
a sobornar a los oficinistas del yamen y a los guardias de
la prisión, y a debatir con el magistrado Yi. Le gustaba
jugar con las palabras y beber vino barato y té amargo.
¿En qué le concernían a un humilde songgun como él los
asuntos del emperador y las intrigas de la corte?
Hubo una época en la que fui feliz en la Montaña de las
Frutas y las Flores, donde pasaba todo el día jugando con mis
semejantes, los otros monos, dijo el Rey Mono. A veces
lamento esa curiosidad que me empujó a intentar descubrir
qué es lo que había en el resto del mundo.
Pero Tian era curioso, así que se acercó a la mesa y
cogió el libro. Diario de diez días en Yangzhou, se llamaba,
de Wang Xiuchu.
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