Page 768 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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pensar en aquel día con mi abuelo.




                    «¿Ya has encontrado tu fénix?», me preguntó Evan,

             y a continuación me pidió una cita.



                    Evan no era tímido, a diferencia de la mayoría de los

             hombres  chinos  que  conocía.  Yo  me  sentía  a  gusto

             escuchándole hablar. Y él parecía realmente feliz con su


             vida,  algo  poco  frecuente  entre  los  estudiantes

             universitarios y que hacía que fuera divertido tratar con

             él.



                    En  cierto  modo,  la  atracción  que  surgió  entre

             nosotros fue algo natural. Los dos habíamos llegado a


             los Estados Unidos de pequeños y sabíamos qué es lo

             que         suponía            crecer         sintiéndote              extranjero            y

             esforzándote  por  convertirte  en  norteamericano.  Esto


             hizo que nos resultara fácil comprender las debilidades

             del  otro  y  aquellos  pequeños  recovecos  de  nuestra

             personalidad propios de los recién llegados al país y que

             con total insolencia se niegan a desaparecer.



                    Evan no se sentía intimidado por el hecho de que a


             mí  se  me  dieran  mucho  mejor  los  números,  las

             estadísticas,  las  características  «rígidas»  de  la  vida.

             Algunos de mis anteriores novios me habían dicho que


             el que me centrara tanto en lo cuantificable y en la lógica



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