Page 797 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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Habíamos empezado sin cloroformo, pero entonces ella
nos suplicó: «Por favor, mátenme a mí, pero no maten a
mi hijo». Así que lo utilizamos para dormirla antes de
acabar con ella.
Ninguno habíamos visto antes las entrañas de una
embarazada, por lo que resultó altamente instructivo.
Se me pasó por la cabeza guardar el feto para algún
experimento, pero estaba demasiado débil y murió poco
después de que lo sacáramos. Intentamos adivinar si
provenía de la simiente de un médico japonés o de uno
de los prisioneros chinos, y creo que al final la mayoría
estuvimos de acuerdo en que, viendo lo feo que era, lo
más probable es que fuera de uno de los prisioneros.
Yo pensaba que el trabajo que estábamos realizando
con las mujeres era francamente valioso, y que gracias a
él estábamos aprendiendo bastantes cosas.
No me parecía que nuestro trabajo con el Escuadrón
731 fuera especialmente extraño. Después de 1941, me
destinaron al norte de China, primero a la provincia de
Hebei y luego a la de Shanxi. En los hospitales del
ejército, los doctores militares organizábamos con
regularidad prácticas quirúrgicas en las que los sujetos
utilizados eran chinos vivos. El ejército nos los
proporcionaba los días en los que estaban previstas.
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