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las dos restantes sean par de la reventada (suele ocurrir que es la falla ori-
ginal del salidor). Por eso, insisto en que durante el desarrollo de una ma-
no, ésta puede y debe ser reconducida cada vez que podamos garantizar
el dominio y el éxito, organizando nuestra mano cuando estamos encabe-
zados, de manera de pegar con la misma piedra, es decir, con la llave.
obviamente que a lo mejor el salidor o el atleta a nuestra derecha pu-
diera tener par de la que vamos a repetir, pero las posibilidades son de un
porcentaje sumamente bajo (del 1 al 5%), por lo que se hace totalmente
escasa dicha posibilidad.
asimismo, estarán informando al compañero que el encabezado
accidental fuimos nosotros, ya que jugaremos la piedra con intención,
disipando las dudas de una posible tranca de la mano.
Cada vez que ustedes puedan aplicar este concepto, créanme que
estarán dominando la mano, ya que cuando esto ocurre automáticamen-
te el juego fuerte y dominante pasa a ser del atleta que lo esté aplicando,
es decir, el atleta al pie de la mano.
Repetiré el siguiente concepto de juego: el atleta «D», generalmente
es el responsable de la conducción o reconducción de la mano, ya
que es el que tiene la obligación de percatarse de la fuerza de las jugadas
iniciales de todos, así como también de las efectuadas en el medio-juego.
Generalmente, aunque el compañero marque la iniciativa de la mano, es
éste el que la va a conducir o reconducir, dependiendo de la fortaleza de
su juego. también es muy probable que el compañero haya jugado forza-
do sobre la salida del contrario en su primera piedra. Claro, si el atleta «D»
pasa en la salida o tiene que jugar forzado, o sencillamente no tiene juego,
no escapa su responsabilidad en la mano, ya que el compañero debe te-
ner un juego bueno, de regular para bueno o excelente. Entonces tiene la
obligación de propiciar el desarrollo y la entrada del violín del compañero,
es decir, en ningún caso se va a escapar de su responsabilidad. siempre
es, a mi juicio, el que tiene el mayor peso en el desarrollo de la mano.
Por último diré que este razonamiento aplica en cualquiera de los
atletas de la mesa, es decir, atletas «a, B, C y D», y tengan la plena segu -
ridad de que siempre será una jugada sumamente fuerte y precisa.
si hacemos un análisis evaluativo, concluimos que si inicialmente (en
las dos primeras jugadas) la repetición de una piedra es una jugada fuerte
72 William Ríos Felce

