Page 27 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
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casa y, mientras dejaba que la lluvia cayera en su
rostro, pensaba que tal vez se trataba de una
tontería, de una idea macabra que había tenido el
extranjero para llamar su atención.
Pero entonces recordó el oro: lo había visto
con sus propios ojos.
Tal vez no fuera oro. Pero estaba demasiado
cansada para pensar, y -tan pronto llegó a su
cuarto- se quitó la ropa y se metió debajo de las
mantas.
En la segunda noche, Chantal se encontró con la
presencia del Bien y del Mal. Cayó en un sueño
profundo, pero se despertó en menos de una hora.
Fuera, todo estaba en silencio; el viento no
golpeaba las persianas metálicas y no se oían
gritos de animales nocturnos; no había nada,
absolutamente nada, que indicase que aún seguía en
el mundo de los vivos.
Fue hasta la ventana y contempló la calle
desierta, la lluvia fina que caía, la neblina
iluminada por la tenue luz del rótulo del hotel,
lo cual daba al pueblo un aspecto aún más
siniestro. Ella conocía bien ese silencio de
pueblo del interior, que no significa en absoluto
paz y tranquilidad, sino la ausencia total de
novedades que comentar.
Miró en dirección a las montañas; no podía
verlas, porque las nubes estaban muy bajas, pero
sabía que en algún lugar había un lingote de oro
escondido. Mejor dicho: había una cosa amarilla,
en forma de ladrillo, que un extranjero había
dejado allí. El hombre le había enseñado su
localización exacta, casi como si le pidiera que
desenterrase el metal y se quedara con él.
Se metió en la cama, se revolvió a un lado y a
otro, se levantó de nuevo y fue al baño. Examinó
su cuerpo desnudo, temió que pronto dejara de
resultar atractivo, y volvió a la cama. Se
arrepintió de no haberse quedado con el paquete de

