Page 86 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
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El hombre levantó el brazo bueno para indicar


              que se rendía. Se vació los bolsillos de Unidades


              Monetarias Universales y se las dio. Y luego Bud se


              esfumó,  porque  los  monitores  —aeróstatos  del


              tamaño de una almendra con ojos, oídos y radios—

              probablemente ya habían detectado el sonido de la


              explosión y se estarían aproximando al área. Pasó


              uno  a  su  lado  mientras  doblaba  la  esquina,


              acarreando una  corta  antena  que  reflejaba  la  luz


              como  una  fractura  del  tamaño  de  un  pelo  en  la


              atmósfera.





                 Tres  días  más  tarde,  Bud  andaba  por  el

              Aeródromo  buscando  presas  fáciles,  cuando  una


              gran  nave  llegó  de  Singapur.  Inmerso  en  la  co‐


              rriente de dos mil recién llegados había un grupo


              compacto  de  hombres  vestidos  en  trajes  de


              negocios, con cintas de tela de color alrededor de


              los cuellos y pequeñas cicatrices en los pómulos.









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