Page 85 - La Era Del Diamante - Neal Stephenson
P. 85
Detonó dentro del músculo, como una M‐80,
dejando un agujero oscuro en la manga de la
chaqueta del hombre y el brazo tieso; la manga
tirando ahora sin nada que se le opusiera. El
hombre apretó los dientes, sacó los ojos, y durante
unos momentos lanzó un gruñido de lo más
profundo del pecho, esforzándose por no gritar.
Bud miró fascinado la herida. Era como disparar a
la gente en un ractivo.
Exceptuando que la zorra no gritó ni pidió
clemencia. Se limitó a volverse de espaldas,
utilizando su cuerpo para proteger al bebé, y mirar
a Bud con calma por encima del hombro. Bud vio
que también tenía una pequeña cicatriz en la
mejilla.
—La próxima vez te saco un ojo —dijo Bud—, y
luego trabajaré en la zorra.
85

