Page 131 - Portico - Frederik Pohl
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ahora no podría decirles en qué consistía el sueño,
aunque mi vida dependiera de ello.
‐ Ya veo que no quieres hablar de sueños ‐ dice Sigfrid
‐. ¿Hay algo de lo que quieras hablar?
‐ Nada en especial.
No me contesta por el momento, y comprendo que
me está dando tiempo para reflexionar, para que diga
algo, no sé qué, alguna tontería. Así pues, le digo:
‐ ¿Puedo hacerte una pregunta, Sigfrid?
‐ ¿Es que me he opuesto alguna vez, Bob?
A veces tengo la impresión de que realmente trata de
sonreír. Hablo de una verdadera sonrisa. Su voz así lo
indica.
‐ Bueno, lo que quiero saber es qué haces con todas
las cosas que te digo.
‐ No estoy seguro de entender la pregunta, Robbie. Si
lo que deseas saber es cuál es el programa de
almacenamiento de información, la respuesta es muy
técnica.
‐ No, no me refiero a esto ‐ vacilo, tratando de saber
realmente cuál es la pregunta, y preguntándome la
razón de que quiera hacerla.
Me imagino que todo arranca de Sylvia, que era una
católica no practicante. La verdad es que yo le
envidiaba su Iglesia, y le hice saber que la consideraba
muy tonta por haberla dejado, porque yo le envidiaba
la confesión. Tenía la cabeza llena de dudas y temores
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