Page 143 - Portico - Frederik Pohl
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recogimos unas cajas llenas de cieno y cubiertas con
una película de celulosa. Las depositamos sobre las
repisas, ajustamos las tuercas de cierre automático para
afianzarlas en su lugar, y las conectamos a los depó‐
sitos de riego. Las cajas probablemente hubieran
pesado un centenar de kilos cada una en la tierra, pero
en Pórtico esto no significa nada; incluso la chapa con
la que estaban hechas era suficiente para sostenerlas
rígidamente sobre las repisas. Después, cuando todos
hubimos acabado, el propio Shicky colocó las plantas,
mientras nosotros seguíamos fijando repisas. Era
divertido observarle. Llevaba las bandejas con los
brotes de hiedra colgadas del cuello, como una chica
que vendiera cigarrillos. Se aguantaba al nivel de la
bandeja con una mano y esparcía los brotes por el cieno
con la otra.
Era un trabajo agradable, resultaba útil (me imagino),
y ayudaba a pasar el tiempo. Shicky no nos hacía
trabajar demasiado. Había establecido un cupo para el
trabajo del día. Mientras instaláramos sesenta repisas y
las llenáramos no le importaba que holgazaneásemos
un poco, con la condición de que no se notara mucho.
Klara iba a verme a alguna hora del día, a veces con la
niña, y teníamos muchos otros visitantes. Y cuando no
había demasiado trabajo o no se presentaba nadie
interesante con quien hablar, podíamos irnos de uno en
uno a pasear por ahí durante una hora. Exploré una
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