Page 145 - Portico - Frederik Pohl
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subimos al siguiente nivel. Nos sentamos a la orilla del

            Lago Superior.


               ‐ Bob, viejo amigo ‐ dijo ‐, dudo que te despida por

            faltar al trabajo una sola vez. Lo más probable es que

            se conforme con regañarte.


               Me  encogí  de  hombros  y  lancé  una  piedrecita  a  la

            superficie curvada del lago, alcanzando una distancia


            de  más  de  doscientos  metros.  Me  sentía  inquieto,  y

            llegué a preguntarme si ya habría llegado al punto en

            que  mi  repugnancia  por  arriesgarme  a  una  muerte


            espantosa en el espacio se veía superada por mi repug‐

            nancia a permanecer en Pórtico como un cobarde. El

            miedo  es  algo  extraño.  Yo  no  lo  sentía.  Sabía  que  la


            única razón por la que me quedaba en Pórtico era que

            estaba asustado, pero no me sentía como si estuviera

            asustado, sino como si fuera razonablemente prudente.


               ‐ Me parece ‐ dije, consciente de haber empezado la

            frase sin saber cómo la terminaría ‐ que voy a hacerlo.


            ¿Qué tal si vienes conmigo?

               Klara se incorporó y tuvo un estremecimiento. Dejó

            pasar unos minutos antes de responder:







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