Page 21 - Portico - Frederik Pohl
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Es gracioso. ¡Antiguamente, el petróleo salía
burbujeando de la tierra! Y a la gente no se le ocurría
otra cosa que verterlo en sus automóviles y quemarlo.
Todos los programas de televisión tienen
propaganda educativa que nos dice lo importante que
es nuestro trabajo y que el mundo entero depende de
nosotros para alimentarse. Y es bien cierto. No hay
necesidad de que nos lo recuerden siempre. Si no
hiciéramos lo que hacemos, se declararía el hambre en
Texas y el raquitismo en todos los niños de Obregón.
Todos lo sabemos. Contribuimos con cinco billones de
calorías diarias a la dieta alimenticia del mundo, la
mitad de la ración proteínica de la quinta parte de la
población global. Todo sale de las levaduras y bacterias
que cultivamos con el petróleo de pizarra de Wyoming,
y algunas partes de Utah y Colorado. El mundo entero
necesita este alimento. Pero hasta ahora nos ha costado
la mayor parte de Wyoming, la mitad de los Apalaches,
un buen bocado de la región de arenas de brea de
Athabasca... ¿y qué haremos con toda esa gente cuando
la última gota de hidrocarburo sea convertida en
levadura?
No es mi problema, pero así y todo pienso en ello.
Dejó de ser mi problema cuando gané el premio de la
lotería al día siguiente de Navidad, el año que cumplí
los veintiséis.
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