Page 25 - Portico - Frederik Pohl
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Lo recuerdo con exactitud, aunque mentiría si dijera

            que me permito sentirlo.


               Digo en tono ligero, casi riendo:

               ‐ Sigfrid, hay en eso una intensidad de dolor, culpa y

            congoja que no puedo soportar.


               A veces intento esto con él, diciendo alguna verdad

            dolorosa con el tono de quien pide otro ponche de ron


            al  camarero  de  una  fiesta.  Lo  hago  cuando  quiero

            esquivar su ataque. No creo que surta efecto. Sigfrid

            tiene  muchos  circuitos  Heechee  en  su  interior.  Es


            mucho mejor que las máquinas del Instituto al que me

            enviaron durante mi episodio. Observa continuamente

            todos mis parámetros físicos: conductividad cutánea,


            pulso,  actitud  de  ondas  beta,  en  fin,  todo.  Obtiene

            indicaciones  de  las  correas  que  me  sujetan  sobre  la

            alfombra, acerca de la violencia con que me retuerzo.


            Mide  el  volumen  de  mi  voz  y  lee  sus  matices  en  el

            espectro.  Y  también  conoce  el  significado  de  las


            palabras.  Sigfrid  es  extraordinariamente  listo,  si  se

            tiene en cuenta lo estúpido que es.






               322         S, No sé por qué sigo                            17,095

                           viniendo a verte                                 17,100

                           Sigfrid.                                         17,105

               323         IRRAY.PORQUE.                                    17,110

               324         C, Te recuerdo Robby,                            17,115






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