Page 23 - Portico - Frederik Pohl
P. 23

que  estoy  acostado  sobre  la  alfombra,  reaccionando

            poco, bromeando o tarareando por la nariz, sugiere:


               ‐  Me  parece  que  deberíamos  volver  a  un  área

            diferente,  Bob.  Hace  algún  tiempo  dijiste  algo  que

            podríamos analizar. ¿Te acuerdas de aquella vez, de la


            última vez que...?

               ‐ La última vez que hablé con Klara, ¿no?


               ‐ Sí, Bob.

               ‐ Sigfrid, siempre adivino lo que vas a decir.

               ‐ No importa que lo adivines, Bob. Bueno, ¿qué hay


            de eso? ¿Quieres hablar de lo que sentiste entonces?

               ‐ ¿Por qué no? ‐ Limpio la uña del dedo medio de mi

            mano  derecha  rascándola  contra  mis  dos  incisivos


            inferiores. La inspecciono y digo ‐: Me doy cuenta de

            que fue un momento importante, quizás el peor de mi

            vida.  Incluso  peor  que  cuando  Sylvia  me  engañó  o


            cuando me enteré de que mi madre había muerto.

               ‐ ¿Quieres decir que preferirías hablar de una de esas


            dos cosas, Bob?

               ‐  En  absoluto.  Has  dicho  que  hablemos  de  Klara  y

            vamos a hablar de Klara.


               Y me arrellano en la alfombra de espuma y pienso

            durante  un  rato.  Me  interesa  mucho  la  meditación


            trascendental,  y  a  veces,  cuando  me  planteo  un

            problema y empiezo a recitar mi mantra una y otra vez,

            acabo con el problema resuelto: vender las existencias


            de la granja de pescado de Baja y comprar cañerías de




                                                                                                           22
   18   19   20   21   22   23   24   25   26   27   28