Page 24 - Portico - Frederik Pohl
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acuerdo con el intercambio de productos. Ése fue uno
y obtuvo un resultado magnífico. O llevar a Raquel a
Mérida para practicar el esquí acuático en la bahía de
Campeche. Eso logró meterla en mi cama por primera
vez, después de haberlo probado todo.
Y entonces Sigfrid dice:
‐ No estás respondiendo, Bob.
‐ Pienso en lo que has dicho.
‐ No pienses en ello, Bob. Sólo habla. Dime qué
sientes por Klara en este momento.
Trato de meditarlo seriamente. Sigfrid no me
permitirá que lo resuelva mediante la meditación
trascendental, así que busco en mi mente los
sentimientos reprimidos.
‐ Pues, no mucho ‐ digo ‐. No mucho en la superficie.
‐ ¿Recuerdas qué sentías entonces, Bob?
‐ Claro que sí.
‐ Intenta sentir lo mismo ahora, Bob.
‐ Muy bien.
Obediente, reconstruyo la situación. Ahí estoy,
hablando con Klara por radio. Dane está gritando algo
en el tren de aterrizaje. Todos nos morimos de miedo.
La niebla azul se desvanece poco a poco debajo de
nosotros y veo por primera vez la vaga y fantasmal
estrella. La nave Tres... no, era la Cinco... En cualquier
caso, apesta a vómitos y sudor. El cuerpo me duele.
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