Page 161 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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turistas, pero el tzaddik hace un gesto, y Mieli nota
que vuelven a gozar de intimidad.
—Gracias —dice—. ¿Periodistas?
—Sí, se dedican a observar las ágoras con mucha
atención. Igual que nosotros. Y que los mendigos en
busca de presas fáciles, como has comprobado. —
Apunta con el bastón a los enmascarados que yacen
en el suelo.
—¿Qué harán con ellos?
El tzaddik se encoge de hombros.
—Depende de lo que diga la Voz. Lo más probable es
que les adelanten el Letargo, o que lo extiendan: el
mismo destino que los aguardaba ya, de todas
maneras. —En su voz coral descuella una curiosa nota
de enfado—. Me temo que ése es el precio que
debemos pagar por el privilegio de vivir aquí. —Se
quita el sombrero y ensaya una reverencia—. Mil
perdones. El Caballero… el nom de guerre que me ha
sido asignado… a tu servicio. Espero que no te hayan
estropeado el día por completo.
Está coqueteando contigo, dice Perhonen. Ay, cielos. Y
tanto que sí.
Por supuesto que no. Pero si ni siquiera se le ve la cara. Un
cosquilleo indica a Mieli que el tzaddik está
escaneándola. Nada que penetre las capas de
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