Page 160 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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en un guante blanco. Mieli la acepta y permite que la
ayude a levantarse.
Un tzaddik. Lo que faltaba. La base de datos de la
Sobornost que estudió durante el viaje contenía
escasos detalles sobre los justicieros de la Oubliette.
Llevan en activo desde hace alrededor de dos
décadas, y es evidente que tienen acceso a tecnología
de fuera de Marte. Los vasilevs —agentes
infiltrados— de la Sobornost que tratan con los
piratas de gógoles de la zona especulan que podrían
guardar alguna relación con la colonia zoku que se
estableció en el planeta al término de la Guerra de los
Protocolos.
—Sí —responde Mieli—. Un poco alterada, eso es
todo.
Vaya, vaya, tercia Perhonen. ¿Y éste quién es? ¿Un
príncipe apuesto a lomos de un blanco corcel?
Cierra el pico y averigua cómo impedir que mi disfraz
se vaya al garete.
—Salgamos del ágora antes de que lleguen los
periodistas. —El tzaddik le ofrece un brazo a Mieli,
que comprueba sorprendida que le tiemblan
ligeramente las piernas. Acepta la ayuda y se deja
conducir de regreso a la sombra de los cerezos y el
bullicio de la Avenida Persistente. Todavía
contemplan la escena algunos curiosos, sobre todo
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