Page 164 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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pompa  de  jabón,  se queda flotando  junto a Mieli  y


           empieza a brillar—. Con eso debería bastar: sigue a la


           luciérnaga, y te conducirá hasta él.



           —Gracias.



           —Ha  sido  un  placer.  Lo  único  que  te  pido  es  que


           procures no meterte en más líos. —El tzaddik se toca


           el  ala  del  sombrero,  deja  que  un  remolino  de  aire


           caliente lo envuelva y remonta el vuelo.




           ¿Lo ves?, dice Perhonen. ¿A que no era tan difícil?



           —Lo siento —digo—. No sé de quién me hablas. —


           Bloqueo la solicitud de gevulot del jardinero, o eso


           creo,  al  menos.  La  interfaz  de  los  gevulots  que


           reparten  entre  los  visitantes  no  está  diseñada  para


           afrontar  con  garantías  las  sutilezas  de  las


           interacciones cotidianas de la Oubliette, sino tan sólo


           para  garantizar  un  puñado  de  parámetros  simples


           que  abarcan  desde  la  exposición  integral  a  la


           intimidad  más  impenetrable.  Me  asalta  el  vago


           recuerdo  de  una  insinuación  de  verdadera


           privacidad:  en  comparación,  esto  es  como  ver  en


           blanco y negro.



           —Será  que  a  vuestros  diseñadores  corporales  les


           gusta  la  misma  estrella  de  cine  —repone  el


           jardinero—.  Eres  clavadito  a  un  tipo  que


           acostumbraba a venir aquí con su novia. Muy guapa,


           por cierto.





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