Page 178 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Suelta la copa en el aire y maldice cuando se estrella
contra el suelo en vez de quedarse en suspensión. La
habitación la pone nerviosa: es demasiado
bidimensional, y la gravedad le recuerda a la Prisión.
Al menos aquí flota en el aire una suave fragancia de
rosas.
Ese comentario sobre el vacío se le quedará grabado hasta
dentro de mucho, dice Perhonen. Muy bueno.
Me da igual que piense que soy una bárbara salvaje. Lo
cierto es que me hace sentir como si lo fuera. Mieli deja la
copa a un lado. Y ahora, un poco de paz y tranquilidad,
por favor. Necesito hablar con la pellegrini.
¿Seguro que quieres ir sola?
Ya lo he hecho antes, ¿recuerdas? Viajamos hasta
Venus desde la otra punta del sistema para ver a esa
zorra. Creo que seré capaz de aguantar una simple
excursión al interior de mi cabeza.
Ánimo, guapa. Dicho lo cual, Perhonen se esfuma.
Mieli se tumba en la cama, cierra los ojos y se imagina
el templo. Éste se yergue a la sombra del monte
Kunapipi, un escudo volcánico que es una
prolongación de la llanura de basalto. La superficie
rocosa está cubierta de una fina capa de plomo y
telurio, condensaciones de los vapores metálicos que
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