Page 177 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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a trabajar juntos, espero que no te importe intentarlo.
—Sonrío—. En mi vida, he pedido perdón a muy
pocas personas. Menos aún son las que han
conseguido echarme el guante. Así que considérate
afortunada.
—¿Sabes —pregunta Mieli— qué hacemos con los
ladrones en el sitio del que vengo? —Sonríe a su vez—
. Les llenamos los pulmones de biosintéticos de
respiración asistida y después los arrojamos al
exterior. Se les salen los ojos de las órbitas y su sangre
rompe a hervir. Pero sobreviven durante horas. —
Recoge mi copa de encima de la mesa y se aleja con
ella—. Así que considérate afortunado.
La rabia hace que Mieli se sienta extrañamente
despierta. La sensación de enfado que le inspira el
ladrón es limpia y pura. Su genio llevaba mucho
tiempo encerrado a buen recaudo, pero darle rienda
suelta es positivo y reconfortante. Respira hondo,
sosegándose, mientras deambula por la habitación,
disfrutando incluso por unos instantes de la batalla
con la gravedad. Apura la copa del ladrón. El alcohol
constituye el contrapunto perfecto para sus
emociones, un filo que se diluye en placentera calidez.
El sentimiento de culpa llega inmediatamente
después. Estoy dejando que vuelva a afectarme. Hijo de
perra.
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