Page 208 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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corazón martillea en su pecho como si se dispusiera a
encaramarse a una de las murallas de los foboi y
lanzar un rugido desafiante a los siniestros moradores
del desierto marciano. O a desafiar al mismísimo
Dios, lo cual era su plan original.
Pero como siempre, el plácido santuario de la
sinagoga le infunde una sensación de humildad. La
luz eterna —una brillante esfera de puntos‐q— llamea
sobre las puertas del Arca, mezclando su resplandor
con los primeros rayos del amanecer que se filtran
entre los dibujos azules y dorados de los altos
ventanales de cristal tintado.
Isaac se sienta en una de las sillas que hay frente a la
plataforma del lector, saca una petaca de campaña
metálica del bolsillo de su chaqueta y la sacude. Suena
como si estuviera medio vacía.
—Bueno, ya estamos aquí —le dice a Paul—. ¿Qué
tenías pensado? Empieza a hablar. De lo contrario,
habremos desperdiciado un montón de alcohol del
bueno para nada.
—De acuerdo. Pero antes, contesta: ¿por qué la
religión? —pregunta Paul.
Isaac se ríe.
—¿Por qué el alcohol? Porque una vez lo pruebas,
cuesta dejarlo. —Abre la petaca y pega un trago. El
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