Page 222 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Fuego  de  cobertura.  A  mi  señal,  informa  Mieli  a


           Perhonen.



           Tendré que alterar mi ruta, dice la nave. Los Aletargados


           orbitales van a damos problemas.



           Pues hazlo.




           Mieli siente la proximidad de la muerte como el filo


           de  un  cuchillo  en  la  garganta.  Ella  es  un  conjunto


           unitario, su finitud es incuestionable: cualquier otra


           cosa supondría una traición para sus antepasados. Si


           fracasa,  no  habrá  ninguna  segunda  oportunidad.  A


           veces  son  certezas  como  ésta  las  que  marcan  la


           diferencia, sobre todo frente a la Sobornost.



           Los piratas de gógoles están acelerando a su vez, pero


           se trata de simples infiltrados. Las mejoras militares


           de sus cuerpos biosintéticos no llegan al nivel de las


           de  Mieli.  A  pesar  de  todo,  llevan  lanzafantasmas


           implantados  en  los  ojos,  las  manos  y  los  torsos.


           Transcurren diez milisegundos antes de que disparen


           la  primera  andanada:  el  despegue  de  los  misiles


           puebla  sus  semblantes  de  estrellas  de  infrarrojos,


           como si se hubieran maquillado con purpurina. Ante


           los ojos de Mieli, la habitación estalla en una mortífera


           telaraña de vectores y trayectorias.



           Agarra al ladrón y lo arroja hacia la base de la estatua


           del  centro,  aprovechando  una  brecha  en  la  red.  Al


           mismo  tiempo,  dispara  una  ráfaga  de  puntos‐q.  La





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