Page 226 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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Atraviesan  el  techo  de  la  galería,  abrazados.  Los


           restos retorcidos y llameantes del balcón y los vasilevs


           se precipitan hacia las patas de la ciudad a sus pies.



           Lástima de estatuas, es el último pensamiento de Mieli.



           El  mundo  es  un  caos  de  cadáveres  y  explosiones


           envueltas en el olor a carne quemada. Parpadeo, y mi


           cuerpo  se  estrella  contra  la  piedra.  Un  estacato  de


           truenos  retumba  en  mi  cráneo.  Me  interno  en  una


           nube  de  cristales  rotos,  transportado  por  Mieli,


           estamos  volando  y  hay  llamaradas  debajo  de


           nosotros, en mis oídos silba una vertiginosa corriente


           de aire, como si estuviéramos dentro de un túnel de


           viento, que me vacía los pulmones y…




           Grito.  Y  después  caigo.  Durante  un  metro.  En


           gravedad  marciana.  Aterrizo  de  espaldas,  con  un


           pitido en los oídos y destellos de colores bailando ante


           mis ojos, boquiabierto aún después de que el aire de


           mis pulmones escapara en tromba.



           —No  te  muevas  —dice  Mieli.  Está  de  rodillas,  a


           escasos  metros  de  distancia;  un  par  de  alas  se


           repliegan  lentamente  en  su  espalda,  dos  delicados


           árboles  plateados  con  una  reluciente  película


           transparente que separa las nervaduras finas como la


           seda,  como  el  tejido  de  las  alas  de  Perhonen.


           Desaparecen en un abrir y cerrar de ojos.










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