Page 223 - El Ladrón Cuántico- Hannu Rajaniemi
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sensación es como pintar con los dedos en el aire,
donde cada pincelada deja un rastro brillante. Los
puntos —todos ellos condensados de Bose‐Einstein,
cargados de energía y lógica cuántica— se convierten
en extensiones de su mente, como extremidades
incorpóreas. Utiliza tres a modo de mayal para
derribar unos cuantos misiles en pleno vuelo,
desgarrando así la telaraña letal y concediéndose algo
de espacio para maniobrar. Dos más saltan como
relámpagos hacia el grupo de vasilevs, listos para
explotar en fogonazos de luz coherente.
Los misiles de los vasilevs responden convirtiéndola
en su nuevo objetivo. Otros alteran sus trayectorias
para curvarse en dirección al ladrón. Los vasilevs se
desbandan en un intento por esquivar los puntos‐q
que se abalanzan sobre ellos, pero su reacción llega
demasiado tarde. Los puntos se abren como flores
hasta transformarse en soles de láseres blancos que
iluminan el interior de la galería, fundiendo el cristal,
los cuerpos biosintéticos y unas cuantas obras de arte
de valor incalculable.
Mieli salta hacia delante. Surcar el aire es como nadar
en un pozo de aguas viscosas. Aun mitigada por el
autismo de combate, la libertad de movimientos es
exultante. Zigzaguea entre los misiles, dejando
huellas congeladas en el agua, y proyecta un puño
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